El Despertar de la Vocación: Raíces en el Valle de Alcudia
Hay recuerdos que se desdibujan con el tiempo y otros que permanecen tan vivos como el olor de la tierra mojada. Yo no sé decir cuál fue exactamente la primera vez que salí al campo, pero sí tengo claro quién me enseñó a mirarlo con ojos curiosos: mi padre. Él nos llevaba siempre de un lado a otro, cámara superocho en mano, inmortalizando tardes buscando espárragos, cestas llenas de hongos y paseos que no tenían otro objetivo que caminar por caminar.
Al llegar al campo, mi primer gesto era siempre el mismo: afilar un palo. En mi imaginación, ese simple gesto era la entrada a un mundo de aventuras. El arroyuelo cercano se convertía en un gran río por cruzar y cada árbol, en el refugio perfecto para construir con ramas y hojas. Las historias, libros y cuentos alimentaban mis ganas de explorar.
Aprendiendo a Vivir la Naturaleza: De Córdoba a Argentina
Durante mi adolescencia no dejé de buscar mi camino: veterinaria, bióloga, médica, fisioterapeuta, profesora de infantil… Hasta que un día, en C.O.U., mi profesor de biología pronunció el nombre de una carrera que lo cambió todo: Ciencias Ambientales. No lo dudé. Hice la selectividad con una mezcla de nervios y entusiasmo, y la Universidad de Córdoba me abrió la puerta a otro mundo.
En Córdoba aprendí a vivir la naturaleza de verdad: senderear. Recorrer montañas, rastrear animales, identificar plantas, empaparme bajo la lluvia, quemarme con el sol y subir siempre un poco más alto… Aprendí que la naturaleza no es algo que se mira: es algo que se vive, se respira y se siente.
Aquel impulso me llevó aún más lejos, hasta Argentina. Gané una beca y recorrí el país de un extremo a otro, en autobuses interminables y caminatas eternas. Dormí en casas de desconocidos que se convirtieron en familia por unas horas, compartí comida sencilla y auténtica, y me adentré en la vida de los pueblos Mapuche. Visité ocho parques nacionales, me empapé de su cultura y comprendí el valor profundo de la tierra y de quienes la cuidan.
Volví transformada. No quería separarme de la tierra. A veces aún hoy necesito tocarla descalza, conectar con ella como quien vuelve a casa. La Pachamama nunca abandona a quien la escucha.
Regreso a Casa: El Nacimiento de la Educación Ambiental en Puertollano
Mi regreso a Puertollano trajo consigo un nuevo rumbo. De pueblo en pueblo, de actividad en actividad, ofrecíamos formación, animación, deporte, educación ambiental. Cada llamada recibía la misma respuesta:
—¿Hacéis esto?
—Claro que sí.
Recorrí Mestanza, Hinojosas de la Cva., Cabezarrubias, Solana del Pino, Brazatortas, Argamasilla de Cva., Almodóvar del Campo… En cada lugar alguien tenía una nueva historia que contarme sobre el Valle de Alcudia y Sierra Madrona. Caminos escondidos, vistas espectaculares, rincones con pinturas rupestres, ríos, cuevas, sendas infinitas, historias de lobos y águilas imperiales…
Había un tesoro inmenso al lado de mi casa, y yo sentía la necesidad de conocerlo entero. Estudié, exploré, pregunté, me perdí y me encontré una y otra vez entre mapas, libros y senderos.
En ese caminar también encontré a José, el amor de mi vida, compañero de rutas y aventuras. Juntos vimos crecer a nuestro hijo Dani, que prácticamente echó los dientes entre jaras y piedras. Él nació el mismo año en que el Valle de Alcudia y Sierra Madrona fue declarado Parque Natural. Su vida y este espacio natural crecieron de la mano.
Con el tiempo, surgió una nueva pregunta:
—Ester, ¿preparáis rutas senderistas y actividades de naturaleza?
—Claro que sí.
Y así fue como continué diseñando programas de naturaleza, campamentos, proyectos culturales, cursos y museos etnográficos. Durante diez años más seguí diciendo que sí a nuevas ideas: cuentacuentos, senderos interpretativos, gimkhanas, talleres, actividades para miles de personas. Dani, convertido en mi pequeño guía, acompañaba a otros niños con la misma ilusión que yo tenía en mi infancia.

Y entonces llegó la astronomía.
Los cielos del Valle de Alcudia y Sierra Madrona —certificados Starlight— hicieron que me enamorara aún más del lugar donde vivo. Comprendí que el paisaje no termina en el horizonte: continúa hacia arriba, en millones de estrellas que también forman parte de nuestro patrimonio.
Proyecto Esternatureco: Tu Guía para Rutas, Talleres y Actividades en la Naturaleza
Hoy, todos esos caminos, aprendizajes, madrugones, mapas, lluvias, soles, viajes, estudios y gentes convergen en un proyecto que siempre ha estado ahí, latiendo: compartir la naturaleza del Valle de Alcudia y Sierra Madrona con quienes quieran descubrirla.
Su riqueza natural, su historia, su cultura y su cielo merecen ser contados. Merecen ser vividos.
Esta es mi historia. Un proyecto de vida que me ha hecho quien soy.
Si has llegado hasta aquí y te preguntas si puedes conocer todo esto conmigo, la respuesta es sencilla.
Claro que sí.
Pero espera… no afiles el palo todavía.
Guárdalo para el sendero.

Conoce el Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona con Esternatureco
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