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Rutas y Actividades guiadas para grupos en el Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona
Pinturas Rupestres de Peña Escrita y la Batanera
Una senda preciosa pasa a la orilla del Arroyo de la Cerecea. Atraviesa la conocida zona de «Las Lastras». Nos enseña el espectacular bosque de galería encajado entre estratos cuarcíticos. Estos estratos hacen que el agua rompa en la magnífica Chorrera de los Batanes o Batanera. Esta cascada tiene unos 18 metros de altura y es de una belleza espectacular. Se dice que junto a la orilla de este arroyo ocurrió uno de los episodios más cómicos de El Quijote; la aventura de los batanes. No sería de extrañar pues en esta ruta aún se diferencia alguna ruina que probablemente sea de algún molino de batán (De ahí el nombre de «Batanera»)
Detrás de la chorrera nos encontramos con las pinturas rupestres de la Batanera. Desde aquí podemos decidir subir por la senda empedrada que nos conecta con el camino de Mestanza. También podemos continuar por la senda que parte desde las propias pinturas que une la senda de la batanera con Peña Escrita. Esta es una ruta a la que el Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona la ha llamado muy acertadamente «Entre Pinturas».

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La Chorrera de la Sierpes
Una ruta sencilla. En ella se disfruta de quejigos y robles del arroyo de Las Sierpes. También se puede disfrutar de su bonita chorrera. La ruta parte del aparcamiento del merendero de San Isidro. Es un verdadero lujo para los sentidos tener un equipamiento tan bueno en el municipio de Fuencaliente. Este merendero tiene una caseta de baños. También hay mesas de picnic y hogarines para cocinar. Así que se puede perfectamente venir a disfrutar de la senda y comer en el merendero. No hay kioscos ni nada similar. Por eso, debes traerte tus cosas en la mochila. Por favor, llévatelas de vuelta o usa correctamente los contenedores de basura que hay en el merendero. En este paseo podemos ir por la pista forestal descubriendo ejemplares de enebros, madroños, brezo, quejigo y roble melojo. También encontramos algún arce de Montpellier en el trayecto. Aunque están bastante escondidos durante el resto del año, en otoño lucen un color rojizo. Este color los hace destacar entre los demás. La ribera del Arroyo de la sierpes es un intrincado tejido de madrona salpicada por brezos, enebros, quejigos y robles. Al avanzar hacia la chorrera, podemos encontrar durillo y ruscos.

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Minas de Horcajo
Nos disponemos a pasar un día envueltos en leyenda. Si las piedras hablaran, las de Minas de Horcajo contarían una historia sobre un pueblo minero muy importante. La suspensión de trabajos supuso la destrucción total del pueblo. Al contemplar las ruinas de las escuelas, los pozos San Juan, Argentino y Malacate se despierta un sentimiento de nostalgia. Es imposible para el viajero no recordar aquellos tiempos pasados. El viaje en sí mismo para llegar a minas de Horcajo es una forma de empezar nuestra experiencia. Está enclavado en un pequeño valle entre las sierras de Torneros y el Nacedero. Para llegar hay que atravesar el Valle del Escorial durante unos 7 km de pista forestal. Es fácil divisar ciervos, sobre todo si viajamos en época de berrea.
Atravesar el túnel es, en sí mismo, una aventura. Podemos hacerlo en coche, pero es mucho más emocionante hacerlo andando. Un viejo botón está adosado a un murete. Enciende la luz del túnel. La luz verde da preferencia al paso de vehículos desde un extremo. Mientras tanto, el otro extremo tendrá luz roja.
Al salir del túnel no esperas ver lo que hay. El pueblo es sólo un recuerdo de lo que fue. El Pozo Argentino te da la bienvenida. Está marchito entre escombros. Así fue este pueblo en el auge de la industria minera a finales del S.XIX y principios del XX. Siguiendo la calle del pueblo, nos encontramos con lo que queda del Pozo San Juan. También vemos las ruinas de las escuelas. La ermita de San Juan se encuentra allí. Andamos por la calle principal. Descubriremos una higuera que algún amable vecino apuntaló hace años. La higuera nace del mismo muro que parece sujetar la parte alta del pueblo. Aunque esa parte no tuvo tanta suerte. Al pasear por esta zona y observar las ruinas de las casas mineras, la imaginación vuela. Casi sin querer, uno siente que es un juego para la mente.

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Ruta del Roble «El Abuelo»
Una ruta sencilla. En ella se disfruta de quejigos y robles del arroyo de Las Sierpes. También se puede disfrutar de su bonita chorrera. La ruta parte del aparcamiento del merendero de San Isidro. La ribera del Arroyo de la sierpes es un intrincado tejido de madrona salpicada por brezos, enebros, quejigos y robles. Al avanzar hacia la chorrera, podemos encontrar durillo y ruscos. A la izquierda de la chorrera continúa la senda. Esta vez es algo más exigente. Podemos llegar hasta el Robledo de las Hoyas. Es imprescindible venir a ver la floración de las peonías, pues el bosque se engalana precioso con su flor rosada. Y una vez aquí ya… no puedes dejar escapar la ocasión de visitar al famoso «Abuelo de los robles». Después de bajar y subir para ver a nuestro emblemático anciano, la vuelta es toda por pista forestal. El camino de regreso es cómodo porque es casi todo cuesta abajo.

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Sisapo y los Castillejos Volcánicos de La Bienvenida
En 1982 se halló en el contexto arqueológico un fragmento de epígrafe. En este fragmento podía leerse (S)ISAPON(E). Este resto es parte de una inscripción de carácter público. Esta inscripción pudo haber formado parte del pedestal de una estatua. Esta evidencia permitió plantear la hipótesis de que La Bienvenida se identificaba con la ciudad de Sisapo. Las fuentes la citaban como sede de gestión y explotación del cinabrio más afamado del Imperio. Esta hipótesis fue posteriormente confirmada. Conoce más detalles de los trabajos arqueológicos
El sitio elegido no puede ser mejor. Se encuentra sobre los Castillejos volcánicos de La Bienvenida. Actualmente, están declarados Monumento Natural y protegidos bajo el amparo del Geoparque Volcanes de Calatrava. Se ubica a unos 620m de altitud. Esta es una de las cotas más altas dentro de este sector del Valle de Alcudia. Constituye por tanto una atalaya en sí misma.
Desde luego será difícil encontrar un sitio en el Valle de Alcudia que aúne en el mismo lugar tanta historia. La Bienvenida ha sido ocupada desde fines del siglo VIII a.C. con presencia tartésica documentada, pasando por una fase íbera, romana e islámica en su entorno.
La parte más espectacular de la visita es sin duda la denominada «Domus de las Columnas Rojas«. De ella se pueden distinguir varios habitáculos. La domus contaba con mosaicos en sus habitaciones principales que se conservan hoy en día en muy buen estado. Lamentablemente, el yacimiento no cuenta con las medidas de protección necesarias. Esto impide que se mantenga visitable. Los mosaicos quedan cubiertos la mayor parte del año por geotextil y grava para que no se deterioren.

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Los Pontones y Hoz del Chorrillo
Otro lugar en el que la historia queda latente en cada rincón. En verdad, es uno de los sitios que la naturaleza ha vuelto a reclamar. Esto ocurrió. La fuerza demoledora de los trabajos mineros a principios del siglo XX fue muy destructiva. Hoy en día es un enclave natural para el disfrute de cualquiera. Es relativamente fácil observar a la nutria, cabra montés, ciervos, ciervos, buitre negro y leonado… y desde el cual se puede contemplar uno de los mejores cielos. Está libre de contaminación lumínica. Es parte del destino Starlight Valle de Alcudia y Sierra Madrona. Es un punto imprescindible para la astrofotografía. Es también una fuente casi inagotable para amantes de los fósiles y los minerales.
A comienzos del siglo XX, la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya comenzó a explotar los filones. Estos se encuentran en la zona conocida como El Hoyo-Nava de Riofrío. En 1923 se construye el poblado de La Nava del Río frío. No solo tiene las viviendas de los mineros y los técnicos. También está dotada de escuelas, hospital, y oficinas. Todo ello se completó con la construcción de una carretera que comunicaba el coto minero con Mestanza.
Los principales esfuerzos se centraron en el margen izquierdo del Riofrío. En 1924, se habían excavado más de 2 km de galerías y cruceros para el reconocimiento de los filones. Además se instaló un lavadero para la concentración y separación de los minerales. Se pensaba que éste era clave para el éxito de la mina. Las expectativas no se vieron cumplidas. Las producciones fueron importantes, pero insuficientes. A esto hay que sumar la grave afectación de los mineros por paludismo. En 1927, de 703 habitantes de La Nava, el 52% estaban afectados por esta enfermedad. Finalmente, la explotación se terminó cerrando en el año 1931.

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