La Berrea en Valle de Alcudia y Sierra Madrona

¿Por qué podemos contar la berrea desde la astronomía?

Cuando las noches se alargan y los primeros fríos rozan las laderas de Sierra Madrona, el bosque se transforma. Los días se acortan, la clorofila se retira revelando los rojos encendidos de los arces y los dorados de los robles y los quejigos. La naturaleza entera responde a una misma llamada cósmica.

También es culpa de la entrada del otoño, con la reducción de horas de luz del día, lo que dispara el fenómeno de la Berrea del ciervo. La disminución de horas de luz diurna sincroniza con el reloj interno de los ciervos, tanto machos como hembras y les avisa de que es ahora cuando tienen que aprovechar su celo para asegurar los nacimientos en primavera. La retina del ciervo capta esa disminución de luz y manda la información al cerebro, para estimular la glándula pineal. La glandula pineal es la que incrementa la producción de melatonina, lo que desencadena un pico masivo de testosterona en los machos y la activación del ciclo estral en las hembras.

La Berrea es el bramido emitido por el macho durante la época de reproducción y suele producirse desde mediados de septiembre hasta mediados o finales de octubre, con su pico de máxima intensidad en las dos primeras semanas de otoño, coincidiendo con la bajada brusca de las temperaturas nocturnas. La berrea cumple una doble función comunicativa: marcar y defender el territorio frente a otros machos competidores y atraer a los harenes de hembras. El tono, la frecuencia y la potencia del bramido transmiten información directa sobre la condición física, el tamaño y los niveles de testosterona del ejemplar.

Existe una curiosidad sobre el bramido del ciervo rojo Cervus elaphus: que saca la lengua al berrear. Este movimiento responde a una adaptación anatómica de su aparato fonador: la laringe del ciervo es móvil y desciende hacia el tórax para alargar el tubo vocal. Sacar la lengua y abrir la cavidad bucal modifica la caja de resonancia, permitiendo proyectar frecuencias más graves que hacen que el animal parezca más grande y poderoso de lo que es ante sus rivales.

La Disminución de horas de luz como Reloj Biológico en el Ciervo

La glándula pineal (u epífisis) es una pequeña estructura endocrina situada en el centro del cerebro. Funciona como un «reloj biológico» que traduce la información de la luz ambiental en señales químicas para el organismo. La glándula capta la disminución de las horas de luz diurna a finales del verano a través de los fotorreceptores de la retina y las vías nerviosas del cerebro. A menor presencia de luz solar, la glándula pineal aumenta la secreción de la hormona melatonina; ésta estimula el hipotálamo para que libere la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH). Esta, a su vez, activa la hipófisis para secretar LH (hormona luteinizante) y FSH (hormona folículo estimulante). La LH viaja por la sangre hasta los testículos, activando las células de Leydig para producir picos masivos de testosterona. Esta hormona desencadena los cambios anatómicos y conductuales del ciervo: el secado y caída de la borra de las cuernas, el desarrollo muscular del cuello, el aumento de la agresividad territorial y el impulso de berrear.

Para las ciervas ocurre el llamado ciclo estral que es el conjunto de cambios fisiológicos y hormonales recurrentes que ocurren en el aparato reproductor de la hembra (equivalente al ciclo menstrual en primates, pero con reabsorción del endometrio en lugar de sangrado).

Las ciervas son reproductoras de «día corto». Al igual que en los machos, el aumento de melatonina desencadenado por la disminución de horas de luz activa su sistema reproductivo. Primero crecen los folículos en los ovarios gracias a la FSH y se elevan los niveles de estrógenos (proestro); a continuación viene el celo o estro, que es el periodo de máxima receptividad sexual en el que la cierva acepta la monta del macho. Dura apenas de 12 a 24 horas. La elevación de estrógenos induce la ovulación. Si hay fecundación, el cuerpo lúteo produce progesterona para mantener la gestación. Si no hay concepción, el útero libera prostaglandinas que destruyen el cuerpo lúteo y el ciclo vuelve a empezar. Si la cierva no queda gestante en su primer estro, volverá a entrar en celo aproximadamente cada 18 a 21 días hasta un máximo de 3 o 4 ciclos durante el otoño, asegurando así la viabilidad reproductiva de la población.

Susurros del Bosque y del Cielo

Bajo este escenario otoñal nace Susurros del Bosque y del Cielo, una experiencia exclusiva que une dos de los fenómenos más sobrecogedores del Parque Natural: el estremecedor sonido de la berrea del ciervo y la inmensidad del firmamento nocturno.

¿Qué vivirás en esta experiencia?

El bramido de la tierra: Nos adentraremos en los dominios del ciervo en su época de celo. Acompañados por el atardecer, escucharemos los potentes bramidos retumbar en las solanas y umbrías, comprendiendo la fascinante etología de esta especie, sus rituales territoriales y el papel clave que juega el reloj biológico de la naturaleza en este fenómeno.

Un viaje de la masa forestal a las estrellas: Al caer la noche completa, alzaremos la mirada al firmamento protegido. Con la ayuda de un puntero láser astronómico, descifraremos las constelaciones ligadas desde tiempos ancestrales a la figura del ciervo, la mitología de Artemisa y los ciclos lunares.

 

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